Según la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la vulnerabilidad “puede definirse como la capacidad disminuida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana, y para recuperarse de los mismos” (www.ifrc.org) Se menciona que puede tener varias causas: económicas, sociales, políticas o físicas. 


Lo contrario a la vulnerabilidad es la capacidad, definida como los recursos “que disponen las personas, familias y comunidades para hacer frente a una amenaza o resistir a los efectos de un peligro” (ídem). Esta capacidad depende usualmente de la combinación entre cohesión social y fortaleza institucional, es decir es un esfuerzo conjunto entre una comunidad informada y activa, y una institucionalidad sólida y proactiva.

En la Constitución Política de la República del Ecuador del 2008, se define la creación de una entidad de gestión de riesgos – Secretaría de Gestión de Riesgos- y se establecen sus funciones en los artículos 340, 389 y 390[1], al igual que en el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomías y Descentralización, COOTAD (2010) en su artículo 140, donde se da a los GADs funciones y responsabilidades específicas para la gestión de riesgos.[2] Por su lado el DMQ tiene desde el 2008 un Sistema Metropolitano de Gestión de Riesgos, de acuerdo a la ordenanza 0265 y derivadas.





El tema de la gestión de riesgos es esencial para un centro histórico como el de Quito, con edificaciones muy antiguas asentadas sobre una geografía accidentada (ver, Gestión de riesgos de desastres para el Patrimonio Mundial, UNESCO, 2014). Además, dentro de la historia de la expansión urbana de Quito existen algunos hitos de modificación de condiciones naturales como el relleno de quebradas que cambió las condiciones edafológicas[3] de la zona (IRD / ORSTROM, 1988).

Hay que considerar que una buena parte del CHQ, especialmente la Zona Envolvente Oriental y el Eje 24 de Mayo se encuentran en laderas. Además existe una historia de actividad volcánica y de movimientos telúricos que inclusive han afectado al patrimonio monumental gravemente (terremoto de 1987, el más cercano, UNESCO, 1987).

En temporada de lluvias se multiplican las noticias de afectaciones a viviendas del CHQ, dado que son construcciones que por sus materiales y edad, son más vulnerables a los fenómenos meteorológicos. En el Boletín Estadístico Mensual ICQ N°16 publicado en marzo de 2013, queda claro que los principales riesgos a los que está expuesta la cuidad, incluyendo el Centro Histórico, están ligados a eventos geomorfológicos (deslizamientos, hundimientos); geodinámicas (sismos, erupciones volcánicas), y eventos antrópicos; dados por la ubicación geográfica del país y las condiciones climáticas del mismo.




La encuesta multipropósito (ICQ-2016) aplicada en el Centro Histórico aborda algunas temáticas relacionadas a la vulnerabilidad de las viviendas. El presente texto, analiza los principales resultados de la misma.



Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017


Cuando se preguntó si considera que su vivienda es segura ante terremotos, de manera general la mayoría de respuestas se ubicaron del rango 5 a 10 (suma 83,67%), es decir muy cerca de la percepción de riesgo total, siendo el número 8 el que más respuestas obtuvo (26% de los consultados), seguido por el número 10 –riesgo total- con un 18,36% de respuestas. En definitiva, y de acuerdo a estas cifras, la percepción de riesgo ante terremotos es muy alta. Seguramente esta percepción tiene que ver con la experiencia de los movimientos telúricos de abril de 2016 (con efectos catastróficos en la costa del país). Esto mostró, en Quito, que la ciudad era muy vulnerable estructuralmente y el CHQ, por las condiciones antes descritas, es una de las zonas que podría sufrir más estragos durante este tipo de eventos.



Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017


El riesgo ante inundaciones también es percibido como alto por los habitantes del CHQ, aunque tiene la particularidad que la respuesta “no sabe” llega a un 12,5% de los consultados. Aun así la percepción de riesgo total, 10, la tienen el 25,23 % de los encuestados. Como se observa en el gráfico, de percepción de riesgo medio hacia alto, es decir de 5 a 10, son las respuestas predominantes. Esto evidencia la vulnerabilidad de Quito ante fuertes lluvias, donde las zonas bajas se anegan y las altas sufren de deslaves, esto va más allá del sistema de alcantarillado o desagüe y tiene que ver con los cambios a la morfología edafológica, y la erosión de laderas y bosques protectores.




Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017





Como se analizó antes, el temor a inundaciones está ligado con la percepción de riesgo ante lluvias y granizo. El 27,37% de los consultados sienten riesgo total ante lluvias/granizo, mientras que si sumamos a quienes contestaron sentir riesgo medio a alto, es decir de 5 a 10, tenemos que un 88 % de habitantes del CHQ están conscientes de las posibilidades de siniestro que significan una lluvia o granizo fuerte en la ciudad. La percepción de riesgo de lluvia es una de las que tiene los valores más altos entre los riesgos identificados.




Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017



Frente al fenómeno de incendios, existe una percepción de riesgo alta en los encuestados en el caso de incendios forestales, así como un alto porcentaje de respuesta “no sabe” con un 20,3 %. La percepción de máximo riesgo, es decir 10, tiene un 22,53% de respuestas y si se suma la percepción media hacia la alta, de 5 a 10, se obtiene un 58% de percepción de riesgo por incendio forestal. Cabe destacar que esta percepción es más alta en la Zona Envolvente Oriental (9% del total de respuestas) justamente por su cercanía a bosques y laderas de arbustos. Le sigue la Zona Envolvente Occidental que también tiene en sus límites estas características.






Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017



En el mismo tema de incendios, pero en este caso doméstico, industrial o de almacenamiento, también existe una percepción de media a alta del riesgo, es decir del 5 al 10, suman 75,5 %, siendo los rubros más altos la percepción de riesgo total, 10 con un 19,7 % y la 8 con un 18,6 %. Es posible que debido al alto uso de material inflamable en las construcciones antiguas -madera, asbesto-, la percepción de riesgo por fuego es alta.




Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017

 




Cuando se inquirió sobre si el hogar o la familia se ha recuperado de un evento catastrófico, la respuesta predominante fue el NO, con un total de 70,4 % mientras que el SÍ llego a un virtual 30%. Si tomamos en cuenta el dato que en promedio los encuestados han vivido por 26 años en el CHQ, estos han sido testigos de muchos cambios y fenómenos naturales que, si bien no han llegado a ser totalmente catastróficos, pueden provocar esa percepción a quienes respondieron esta encuesta.


Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017


En cambio cuando se preguntó si la vivienda del encuestado era resistente a la construcción de obras públicas cercanas, existieron opiniones divididas con un 55,8 % para el SÍ, y un 42% para el NO. Las respuestas son bastante parejas en todas las zonas, a excepción de la Envolvente Oriental donde el SÍ casi duplica al NO. Estas respuestas se podrían interpretar como la apertura que tienen los consultados hacia la construcción de estas obras, o a la necesidad que tienen de las mismas.


Fuente: Encuesta ICQ – CHQ, 2016
Elaboración: ICQ, 2017


Finalmente se preguntó a los hogares encuestados si tienen planes colectivos para enfrentar catástrofes, a lo que hubo un 16 % de respuestas positivas con predominancia en las zonas envolventes Oriental y Núcleo Central. Las respuestas negativas llegaron a un 58% con representatividad similar en todas las zonas de estudio. El rubro “NO SABE” logra un 24,6% de respuestas, lo que podría añadirse a la respuesta negativa. Lo que deja en claro esta pregunta es que se tiene que trabajar mucho más coordinadamente con la comunidad y los organismos de gestión de riesgos para lograr socializar planes de mitigación de catástrofes. En una zona tan vulnerable desde su morfología y desde la percepción de sus habitantes, debe haber una mayor injerencia en estos temas para poder solventar problemas antes de que se conviertan en tragedias por falta de información.


Reflexión final

El Centro Histórico de Quito tiene edificaciones muy antiguas asentadas sobre una geografía accidentada que, a su vez fue modificada especialmente con el relleno de quebradas. La actividad telúrica relacionada a la actividad volcánica, así como la antigüedad de los materiales de sus construcciones frente a las fuertes lluvias o granizo presentan condiciones de vulnerabilidad que deben ser atendidas. Los resultados de la Encuesta Multipropósito aplicada por el ICQ en el 2016, revela que existe un terreno fértil y mucho por hacer en materia de prevención y capacitación en gestión de riesgos, con una población que es consciente de su situación..

Es importante que las entidades encargadas de gestionar el riesgo realicen una amplia difusión respecto a los riesgos urbanos que existen en el CHQ, riesgos tanto de origen natural como antrópico.

Actualmente la ciudad cuenta con una Estrategia de Resiliencia[4], herramienta que establece lineamientos para el desarrollo de mejores condiciones de respuesta, prevención y adaptación frente a diversos riesgos. Desarrollada durante el año anterior, con el apoyo de la Fundación Rockefeller, esta herramienta contempla las tensiones crónicas a las que está enfrentándose la ciudad y plantea acciones a corto, mediano y largo plazo organizadas en cinco ejes. Un aspecto a destacar en la estrategia es la consideración de la necesidad de incrementar la participación ciudadana y las capacidades de organización de la comunidad frente a las amenazas; como vemos este aspecto no es ajeno a la realidad del CHQ, y debe ser considerado como una prioridad.


[1] Art. 389.- El Estado protegerá a las personas, las colectividades y la naturaleza frente a los efectos negativos de los desastres de origen natural o antrópico mediante la prevención ante el riesgo, la mitigación de desastres, la recuperación y mejoramiento de las condiciones sociales, económicas y ambientales, con el objetivo de minimizar la condición de vulnerabilidad (…) Art. 390.- Los riesgos se gestionarán bajo el principio de descentralización subsidiaria, que implicará la responsabilidad directa de las instituciones dentro de su ámbito geográfico. Cuando sus capacidades para la gestión del riesgo sean insuficientes, las instancias de mayor ámbito territorial y mayor capacidad técnica y financiera brindarán el apoyo necesario con respeto a su autoridad en el territorio y sin relevarlos de su responsabilidad. (CPR, 2008)

[2] Art. 140.- La gestión de riesgos que incluye las acciones de prevención, reacción, mitigación, reconstrucción y transferencia, para enfrentar todas las amenazas de origen natural o antrópico que afecten al cantón se gestionarán de manera concurrente y de forma articulada con las políticas y los planes emitidos por el organismo nacional responsable, de acuerdo con la Constitución y la ley. Los gobiernos autónomos descentralizados municipales adoptarán obligatoriamente normas técnicas para la prevención y gestión de riesgos sísmicos con el propósito de proteger las personas, colectividades y la naturaleza. La gestión de los servicios de prevención, protección, socorro y extinción de incendios, que corresponde a los gobiernos autónomos descentralizados municipales, se ejercerá con sujeción a la ley que regule la materia (…) (COOTAD, 2010)

[3] Refiere a las afectaciones que los cambios del suelo pueden causar a la naturaleza y a los organismos que se desarrollan sobre y dentro de este.

[4]Disponible en el siguiente link: http://gobiernoabierto.quito.gob.ec/wp-content/uploads/documentos/resiliente/resilencia.pdf