Movilidad, conectividad y accesibilidad a infraestructura de transporte de personas y bienes, constituyen dimensiones clave en la construcción de ciudades equitativas, sostenibles y competitivas.  

Los proyectos de movilidad de gran dimensión que se han puesto en marcha en los últimos meses en Quito, podrían tener la capacidad de reconfigurar los modos de ser y estar en la ciudad y al mismo tiempo transformar la imagen de la urbe, tal como ha sucedido en Medellín, Caracas, La Paz o Río de Janeiro, cuya infraestructura vinculada al transporte masivo ha generado potencialidades para fomentar el crecimiento económico y disminuir las brechas causadas por la segregación urbana.

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Sistema Metrocables Medellín

 

Los proyectos de movilidad en Quito

Las respuestas que ofrecen los diferentes proyectos de movilidad urbana como el metro, los metrocables, la repotenciación del trole, la ampliación de la ecovía y, en menor medida, la peatonización de ciertas calles de la ciudad y las ciclorutas, no solo apuntan a poner en circulación a un creciente flujo poblacional que requiere de múltiples modos y medios de conexión hacia los espacios de socialización propios de la ciudad moderna, sino que dan señales efectivas de una transformación tecnologica, que reduce el uso de combustibles fósiles y la consecuente emisión de gases de efecto invernadero, lo cual apunta en dirección a la construcción de la ciudad sostenible.

El Metro de Quito y los denominados Quitocables se perfilan con enorme potencial para revertir los patrones disfuncionales de ocupación de la ciudad ocasionados por la descoordinación entre la localización de la vivienda, la del empleo y los servicios. Según el Censo Económico y el Censo de Población y Vivienda 2010, el 54% del empleo y gran parte de los equipamientos y servicios siguen concentrados en ocho parroquias centrales del DMQ (hipercentro), mientras en las parroquias de mayor crecimiento poblacional de las últimas décadas, como El Condado, Calderón, Quitumbe y Turubamba, subsisten problemas de accesibilidad a servicios.

El Metro de Quito, proyectado a convertirse en la columna vertebral del Sistema Integrado de Transporte Masivo del DMQ, costará cerca de 2009 millones de dólares financiados en modalidad mixta entre el Municipio de Quito (63 %) y el Gobierno Nacional (37 %). Se estima que movilizará alrededor de 400 mil pasajeros diarios entre Quitumbe y el Labrador, lo que equivale al 13,7% del total de viajes que se hacen a diario en Quito.

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Este proyecto atenderá principalmente las necesidades de circulación longitudinal de la población; es decir conectará la zona norte con el sur de la ciudad mediante 15 paradas, una de las cuales se ubica en el área patrimonial del Centro Histórico de Quito. En las obras que se han realizado hasta la fecha en la Plaza San Francisco, se están aplicando métodos constructivos dirigidos a preservar el valor arquitectónico y paisajístico del conjunto urbano que rodea esta parada.

Al momento se estima que la construcción del metro de Quito tiene un avance del 10% y ya ha generado 2.400 empleos directos, en su mayoría trabajadores nacionales. Adicionalmente, con la progresiva llegada de tres tuneladoras y el funcionamiento de la fábrica de dovelas para el recubrimiento del túnel, se conseguirán mayores avances en la implementación de esta modalidad de transporte subterráneo.

De otro lado, el sistema de transporte aéreo denominado Quitocables que según los estudios preliminares presentados por la Secretaría de Movilidad del Municipio de Quito, movilizará entre 120 mil y 150 mil pasajeros diarios, está diseñado para atender las necesidades de circulación urbana en sentido este-oeste, donde se ubican polos de agregación humana que caracterizan la ciudad dispersa y que se configuran como nuevas centralidades en el DMQ. Esta modalidad de transporte que ofrece varias ventajas como la reducción de la contaminación y el ruido, la adaptación a la topografía del lugar y la reducción de los niveles de accidentabilidad, también permite rehabilitar zonas deterioradas y desatendidas, interviniendo en el arreglo de espacios recreativos o la construcción de graderíos y caminerías que facilitan la comunicación y las conexiones en la ciudad.

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La construcción de la primera línea de cables que unirá a Pisulí-La Roldós-La Ofelia, contratada con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, costará alrededor de 44 millones de dólares y se prevee que reduzca considerablemente el tiempo de viaje que actualmente utilizan los pobladores de los barrios del noroccidente para movilizarse a diferentes puntos de la ciudad. Sin embargo, algunos moradores que se verán afectados por las expropiaciones que requiere esta obra, advierten que “lo que existe en el noroccidente es un problema de conectividad y no de movilidad” y plantean la ampliación de vías en la superficie en lugar de soluciones aéreas.

En cualquier caso, el avance de estos proyectos de movilidad, hace pensar que Quito tiene las condiciones para convertirse en un modelo de ciudad que genera nuevas centralidades en torno al transporte público, lo que implica desarrollar una estrategia de compactación de la ciudad que concentre proyectos de vivienda, empleo y servicios alrededor de las estaciones del metro y de los Quitocables, favoreciendo los intercambios en el espacio público, la reducción de los desplazamientos, la diversificación de actividades y usos del suelo y la disminución de la contaminación atmosférica, éste último tema clave en la preocupación mundial por el cambio climático.